martes, 20 de noviembre de 2018

ENTREVISTAS TELEFÓNICAS.... " SORPRESA"


       Hacía ya bastantes meses que habíamos enviado nuestro CV contestando a una oferta de trabajo  y, desde entonces, no habíamos  vuelto a tener noticia del asunto; ya casi ni nos acordábamos y habíamos  perdido toda esperanza de recibir una respuesta.
       Pero , de repente, una mañana nos suena el teléfono móvil, y nos recuerda que ,  algunos meses antes,  nos interesamos por una determinada oferta de trabajo remitiendo un esmerado Currículum Vitae adjunto a nuestra solicitud de participación en el proceso de selección . Confirmamos nuestra  identidad y manifestamos que  ,efectivamente,  en su día, nos  dirigimos a esa empresa  interesándonos por esa oferta.  Quienes han padecido  esta experiencia (cada vez más frecuente ) la refieren como una anécdota  más bien desagradable.
       Como es obvio  el  entrevistador  trata de obtener, desde el otro lado del teléfono, una "primera impresión"  a partir de la cual se  tomará la decisión de  emplazar  o no al candidato potencial a una entrevista formal, días más tarde. Se trata de "filtrar" candidatos para que a la entrevista posterior, acudan  aquellos que se consideran más aptos para el puesto, con el consiguiente ahorro de tiempo y recursos.
       No es asunto fácil salir bien librado de semejante trance ; sobre todo si el Currículum Vitae que hicimos llegar en su momento a quienes ahora nos entrevistan,  incluye algún que otro dato que no se corresponde rigurosamente con la realidad de nuestra trayectoria académica y/o profesional anterior.
 Ademas de concretar aspectos de nuestro perfil académico y profesional que considere  relevantes para el puesto a cubrir,  el entrevistador procurará  detectar la veracidad de algunos de los datos que puede leer en nuestro CV  y que susciten también su  interés. 
     La recomendación de no trufar  nuestro CV  haciendo uso de algo de imaginación, resulta especialmente útil en estos supuestos. Si  la memoria nos traiciona y no respondemos adecuadamente a alguna pregunta relacionada con esos datos producto de un exceso de creatividad, la entrevista probablemente concluirá con una sensación  cercana  al ridículo. 

      A modo de ejemplo, si se nos ha ocurrido adornar nuestras cualidades  haciendo referencia a un conocimiento  medio  del idioma  inglés ( o, en el peor de los casos, "alto") es muy posible que la entrevista prosiga precisamente en inglés, dando lugar a una situación más bien incómoda en el supuesto  de vernos obligados repetir algún que otro yes que nada tiene que ver con la pregunta formulada, ante  la angustiosa  imposibilidad de entender una sola palabra de lo que se nos dice, tras lo cual, el entrevistador pondrá inmediatamente término a la conversación, ante la evidencia de que nuestro nivel de inglés se asemeja al comúnmente conocido como "el de los indios de las películas".