martes, 4 de febrero de 2014

El plan de negocio como herramienta del proceso emprendedor.

Un plan de negocio es un documento que identifica, analiza y describe  UNA OPORTUNIDAD DE NEGOCIO  y define estrategias de gestión para llevarla a cabo.
No se trata de una información estática o inmóvil sino que , muy al contrario,  está sujeta a un continuo proceso de ajuste , revisión  y adaptación, en función de los cambios del entorno macroeconómico  y, asimismo,  a medida que se conoce mejor el mercado y el sector, y se  dispone de más y mejores datos sobre las condiciones de ese mercado, clientes potenciales, competidores..etc.
La principal utilidad del plan de negocio consiste en proporcionar una perspectiva sobre la viabilidad del negocio a medio plazo, procurando reducir riesgos e incertidumbres. Un buen plan de negocio es una hoja de ruta, un soporte, una guía sobre cómo proceder y qué hacer  tanto en cada una de las etapas de arranque del negocio como en las posteriores de reajuste y consolidación gradual. Al mismo tiempo, el plan de negocio sirve para documentar los aspectos clave del negocio, con vistas a la captación de inversores. En este sentido, el plan de negocio no puede ser un mero documento “ formal y  académicamente correcto”, sino que debe demostrar que el equipo emprendedor dispone de un conocimiento riguroso y solvente respecto a lo que pretende hacer.
Trataremos de sintetizar a continuación esos aspectos clave del negocio o elementos esenciales que debe abordar todo plan, con independencia de la estructura formal o esquema que utilicemos en su elaboración.
El modelo de negocio describe la idea , en términos generales y a modo de introducción :  qué vamos a hacer, cómo lo vamos a hacer, cómo vamos a generar ingresos estables, cuales son los principales costes que hemos de afrontar y, finalmente qué ofrecemos,  como ventaja competitiva respecto a nuestros competidores. Aspectos que concretaremos posteriormente. Al describir genéricamente el modelo de negocio, el equipo gestor plasma, en pocas líneas pero con total nitidez, los aspectos esenciales de la “idea”.
El equipo gestor es una parte fundamental del plan. Los conocimientos, la experiencia, las habilidades, las aptitudes complementarias  que cada uno de los participantes aporta al equipo y al proyecto, y  la trayectoria en proyectos anteriores, deben quedar perfectamente descritos en el plan, por cuanto que las decisiones de inversión de nuestros inversiones potenciales van a venir condicionadas, en buena medida,  por el perfil y la trayectoria del equipo emprendedor, o del emprendedor, si hablamos de un solo gestor del proyecto.
La descripción precisa de la oportunidad de negocio  no puede limitarse a generalidades sino que requiere un   análisis, con el nivel máximo  detalle del “nicho de mercado” al que dirigimos nuestro producto/servicio, procurando concretar datos y cifras, tanto respecto a las expectativas iniciales de ventas como a su crecimiento potencial  a medio y largo plazo. Concretamos qué es lo que hace único o mejor a nuestro producto/servicio respecto a la competencia, y cuál es la razón por la que el segmento de mercado al que nos dirigimos se va a decidir por comprarlo, habida cuenta del precio al que lo ofertamos, generando un flujo constante de ingresos, potencialmente creciente. Definimos los  canales o instrumentos  de comunicación que van hacer llegar nuestra propuesta a ese segmento de mercado, teniendo en cuenta los recursos físicos, tecnológicos y financieros de que disponemos. Determinamos quiénes van a ser los proveedores del conjunto de factores implicados en el proceso productivo y en el funcionamiento de las distintas áreas de gestión.
En el análisis del entorno macroeconómico abordamos los factores  políticos, sociales, demográficos, económicos y tecnológicos  que pueden contribuir al impulso y consolidación  del negocio o, por el contrario, actuar como amenazas limitando o impidiendo las posibilidades maduración del proyecto.
El plan de operaciones  contiene la descripción de las decisiones sobre localización, tamaño e inversión inicial, diseño de la estructura de la empresa y del proceso productivo, recursos personales y materiales necesarios para su implementación y actuaciones a llevar efecto para el arranque de las distintas áreas de gestión. Todo ello con cifras y fechas.
El plan financiero determina cuánto dinero se necesita, cuándo se debe contar con esos  recursos, de dónde obtenerlos (fuentes) y cuáles son los retornos estimados (rentabilidad; relación entre inversión y beneficio). Ante las dificultades actuales en el acceso a la financiación bancaria y su altos costes, será preciso plantearse la captación de socios aportantes de capital, en tres momentos distintos del proyecto: el arranque, la consolidación y el desarrollo. Evidentemente,  las necesidades de capital (volumen de fondos)  y el perfil del inversor potencial son distintos en cada una de estas etapas.  
El análisis de los riesgos, incertidumbres y amenazas  que pueden afectar al proyecto es un elemento esencial. Ese análisis de riesgos y amenazas debe completarse con un “plan B” para el caso de que algunos de esos riesgos o amenazas se produzcan; cómo reaccionar en esos supuestos, qué acciones  implementar, en cada caso, para “neutralizar” en la mayor medida posible, los efectos desfavorables de esos riesgos y amenazas, una vez se concretan.

La conclusión final del plan será la VALIDACIÓN del modelo de negocio descrito al inicio, es decir, la confirmación de que se trata de una idea sólida que tiene posibilidades en el mercado , que proporciona señales muy positivas y que, en definitiva,  es VIABLE, desde el punto de vista financiero, es decir, capaz de generar un flujo estable y creciente de ingresos que, tras el correspondiente periodo de maduración, cubre costes, compensa el riesgo, genera liquidez y  proporciona una cifra de rentabilidad (relación entre inversión y beneficios) satisfactoria. 

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