viernes, 18 de diciembre de 2015

En Français, s´il vous plaît.


Quien lo iba a decir. 
Hasta hace muy poco, nadie hubiese apostado mucho por el francés  como una segunda lengua adecuada para encontrar un empleo. Ante la preeminencia indiscutida del inglés, la opinión predominante sostenía que, puestos a aprender una segunda lengua para incrementar las posibilidades de empleo, había que atreverse con el alemán y, para los más osados, con el ruso o el chino. El incremento de la oferta de empleo en Alemania lanzó a muchos a la aventura de aprender alemán, con la vana esperanza de manejarse con cierta fluidez en unos meses; un asunto nada fácil en una lengua que, si bien no plantea las dificultades de pronunciación del inglés ( con sus peculiares diferencias entre el cómo se escribe y el cómo se pronuncia), se construye con una gramática endiablada. 
Sin embargo, desde hace pocos años, vienen soplando buenos vientos para la olvidada lengua de nuestros vecinos del norte, cuya notable presencia en las aulas de nuestras enseñanzas medias, hasta principios de los ochenta, se fue apagando hasta quedar reducida a la insignificancia a comienzos del siglo XXI. 
Actualmente, unos buenos conocimientos de francés junto a un perfil académico propio de las ciencias o las nuevas tecnologías, puede ayudar mucho a encontrar un buen empleo sin necesidad de salir de nuestro propio país. 



La explicación a tan singular fenómeno es relativamente simple; la reforma laboral y el reajuste de salarios a la baja que ha traído consigo, junto a las facilidades que proporcionan las nuevas tecnologías, han activado la deslocalización de no pocas consultoras francesas y asimismo ha dado lugar a un tejido de empresas españolas subcontratadas para la prestación de servicios a grandes multinacionales empresas. El coste/hora del trabajador muy cualificado en España es sensiblemente inferior a lo que se paga en Francia por trabajos similares en sectores relacionados con la ingeniería , la informática o servicios como la banca o los seguros. Se trata, en muchos casos, de proporcionar soporte técnico a equipos de trabajo que encuentran en Francia, y  que, naturalmente, se realiza en francés. Inicialmente, estas empresas se concentraban en Madrid; sin embargo, en los últimos dos años, Valencia y Barcelona comienzan a ser destinos muy apetecidos por estas consultoras.
Se trata de un ejemplo revelador de lo difícil  que resulta  tomar decisiones adecuadas, a la hora de invertir tiempo y dinero en adquirir formación complementaria con vistas a incrementar las posibilidades de empleo, en un entorno cuyas circunstancias están sometidas a un ritmo frenético de cambios.

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